08.02.07
2.0.
Capítulo II: Un laberinto de túneles Al salir, vi a alguien. Bueno, “alguien” es una manera de decir. Imaginen un hombre de dos metros de estatura, con cara, orejas y trompa de elefante, con barba candado y anteojos de media montura, sosteniendo un cuadernillo con una mano y un lápiz gigante. Agréguenle a eso que usaba maquillaje, zapatos de mujer con tacos aguja de 10 cm, todo esto rematado por una túnica color turquesa tornasolada con enormes hombreras. No sabía que decir ni que pensar. - Hola –le dije y sonrió, pero no dijo nada y tomo una breve nota, no se acerca de qué. - ¿Qué, quiero decir, quién es Ud.? -pregunté - ¿ Ud. quién cree que soy? – preguntó a modo de respuesta. - No tengo la menor idea, dígamelo Ud. por favor - ¿ Ud. qué piensa, que soy un sicofante? - No -dije casi instintivamente y me tomé unos segundos para pensar y elegir las palabras- Me gusta hacer crucigramas. Por lo tanto se que un sicofante es un calumniador, un impostor, no tengo porqué pensar eso de Ud., acabo de conocerlo. Casi lo escuche murmurar “Muy interesante” y vi como tomaba nota nuevamente, pero con mayor frenesí. - ¿Ud. puede ayudarme a que atraviese el laberinto de túneles para llegar a la Tierra de los Seres Imaginarios? - ¿ A Ud. qué le parece? - Y... a mi me parece que si vive aquí algo más que yo tiene que saber – luego de escuchar esto hizo un “mmm...mmjmjmm” y siguió tomando nota. A continuación giró y comenzó a caminar, por lo que me dispuse a seguirlo. - ¿ Cómo piensa afrontar el tema de mis honorarios ? – preguntó mientras se internaba en un túnel más pequeño en el que sus palabras resonaban con eco. - Yo no tengo dinero – le dije y casi instintivamente estuve a un paso de darme vuelta los bolsillos. - Eso no es problema, una vez que avance en el análisis, conseguirá aumentar sus ingresos y podrá pagarlo - ¿Análisis? Yo necesito un guía, no un analista - ¿ Ud. cree que hay diferencia? – y sin detenerse dio vuelta su cara unos segundos y luego la volvió al frente y siguió hablando- Ud. necesita un guía, yo necesito un paciente. Aquí no hay pacientes, y si no tengo pacientes no puedo ir con el sicofante supervisor para que me supervise – a esta altura de su discurso se me estaban saliendo los ojos de las órbitas – así que mejor vamos a hacer así, Ud. me paga con transferencia. Yo necesito transferencia. - ¿ Con “transferencia”? – la verdad, no le entendía nada pero me pareció mejor seguirle la corriente – Bueno – asentí y luego decidí que era mejor cambiar de tema. - ¿ Se ofende si le pregunto por que será que usa maquillaje ? - ¿ Ud. por qué cree que lo hago? – inquirió ya algo agitado de tanto caminar. - ¿ Porque considera que se ve mejor ? – y cuando escuchó esto dijo un “Ajá” entre dientes y volvió a escribir unas palabras. - ¿ Y Ud. por qué usa hombreras ? – continué el interrogatorio, curioso. - ¿ A Ud. que le parece ? dijo, ya resoplando y subiendo con dificultad una escalera tallada en la roca - ¿ Será porque tiene los hombros caídos o porque se quedó en los Ochentas ? – y al escuchar esto se dio vuelta y me lanzó una brevísima e intensa mirada con los ojos semicerrados, pero recuperó la compostura inmediatamente. Sin dudas era todo un profesional. Caminamos por lo que identifiqué como un túnel bajo la calle Defensa hasta llegar a Plaza de Mayo. Luego estuvimos bajo el Cabildo para dirigirnos a otro túnel que, supongo, seguiría el trazado de Diagonal Norte. Aparentemente llegamos a la Plaza de la República y a la Avenida. Corrientes. - Bueno, aquí comienza nuestra travesía fluvial – dijo e hizo un gesto ampuloso con su mano izquierda para señalar un camalote gigante que flotaba en lo que yo identifiqué como el Tercero del Norte- et voilá - Si Ud. tiene la peregrina idea de que yo me voy a subir a eso, está del tomate, le faltan unos jugadores, le gotea la azotea, le sacaron unos caramelos del tarro, esta de la nuca.... – iba a continuar con mi enumeración de diversas formas de implicar que estaba rematadamente loco pero noté que se ofendió. Y aunque no lo crean, subí. Tomé un largo palo y me coloqué al frente. El sicofante se ubicó detrás e introdujo su trompa en el agua y empezó a soplar simulando una propulsión a chorro. Creo que era puro teatro, la corriente en realidad nos llevaba por si misma. Quién me viera, improvisado marinero navegando bajo la calle Larrea. Debe haber pasado un largo rato antes de que llegáramos a lo que mentalmente identifiqué, aproximadamente, con lo que en la superficie sería Ayacucho y Las Heras, dónde comenzaban nuevos y gigantescos túneles. Bajamos y caminamos un poco. - Estamos bajo el Zoológico, en la Tierra de los Seres Imaginarios –dijo el sicofante, con gran satisfacción y señaló una especie de alfajor hojaldrado gigante flotando a la distancia de nuestro subterráneo horizonte- allí a lo lejos se encuentra tu destino, puedes verlo? - “Una manzana entera pero en mitá del campo, presenciada de auroras y lluvias y sudestadas” – exclamé involuntariamente y me detuve por estar pensado en voz alta y recordando el poema de mi señalador. Luego de unos segundos, cuando entendí, continué con voz queda: “La manzana pareja que persiste en mi barrio- - “Guatemala, Serrano, Paraguay, Gurruchaga – remató exultante mi excéntrico guía y estallamos en sonoras carcajadas, que sólo se interrumpieron cuando percibimos que no estábamos solos. A unos metros, acurrucada en el piso había una chica, negra como el carbón, de aproximadamente mi edad, con trenzas en el cabello, descalza y con un vestido a lunares. Parecía estar llorando, abrazada a una curiosa muñeca de trapo. Enternecido y feliz de haber encontrado a alguien, me acerqué a ella. Pero el sicofante me agarró por el antebrazo. Cuando le ví el rostro, estaba pálido y señalaba desaforado a la niña. - Debemos irnos inmediatamente. Esa muñeca ...- temblaba mi amigo como una hoja. Lo miré sorprendido. Estaba asustado de una niña y una muñeca? - ahhhhhhhhhhhhhhhhhh - grito enloquecido y salió corriendo para desaparecer por el mismo lugar por donde habíamos llegado. Me aproximé a la niña y exclamé un tímido “Hola”. La chica elevó su rostro, con las mejillas aún surcadas por las lágrimas y abrió de par en par sus enormes ojos negros.

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Creado por bwanabeloved
23:40:49