08.02.07
1.1.
Entre nosotros, que no salga de aquí, admitamos es fácil hacer que uno leyó un libro. Se busca la sinopsis en Internet y listo, por si alguien pregunta. Si el que averigua es muy perspicaz, basta con alquilar la película en el videoclub y verla, acelerando frecuentemente. Ahora que lo pienso, tendría este libro película?. Hasta que llegara el interrogatorio, sólo había que ir corriendo de página el señalador, sin exagerar nuestra capacidad de lectura. El señalador sinceramente me gustaba, también me lo había regalado papá. Un listón de cartulina con unos barcos antiguos sobre el que estaba escrito un poema de Borges (Uds. no me pueden ver, pero me estoy parando. Mi viejo siempre lo hace cuando dice “Borges”, se para, no importa si esta comiendo o haciendo lo que fuera. Yo lo hago también, es como un chiste familiar). Recuerdo su cara de felicidad cuando se enteró que lo había memorizado. “Y fue por este río de sueñera y de barro, que las proas vinieron a fundarme la patria? Irían a los tumbos los barquitos pintados entre los camalotes de la corriente zaina. Pensando bien la cosa, supondremos que el río era azulejo entonces como oriundo del cielo con su estrellita roja para marcar el sitio en que ayunó Juan Díaz y los indios comieron. Lo cierto es que mil hombres y otros mil arribaron por un mar que tenía cinco lunas de anchura y aún estaba poblado de sirenas y endriagos y de piedras imanes que enloquecen la brújula...” El cielo sobre mi estaba raro, un gris plomizo. Las hojas caídas, resecas y ocres, rodaban bajo el influjo de los vientos porteños. Mire a mi alrededor y no había nadie con quien jugar, no había absolutamente nadie en realidad. Estaba tan silencioso que daba miedo. Si comenzaba a llover cubrirían lo excavado con grandes plásticos y tendríamos que irnos, así que si quería patinar era mejor que comenzara. Apoyé el librote sobre la base de la estatua de Pedro de Mendoza, no podía hacer nada mientras lo sostuviera y además, quien se lo llevaría?. Caminé unos pasos alejándome y escuché un chirrido. Me di vuelta, pensé que era una chicharra o algo por el estilo, pero para mi asombro, algo pasaba con esa estatua. La base comenzó a difuminarse, se veía como el aire que reposa sobre una parrilla encendida, ondulante. Y de repente se convirtió en un espejo. No pude resistir la fascinación de acercarme, de extender mi mano hasta que la punta de mis dedos tocara a su contraparte en mi reflejo. Y en ese exacto momento el vidrio se hizo viscoso y frío y la mitad de mi mano se hundió en él y no pude evitar precipitarme hacia su interior arrastrado por una fuerza sobrehumana. Cuando por fin crucé, el envión era tal que tuve que me tambaleé hacia los lados para frenar la inercia, apoyando las zapatillas con muchísima fuerza contra el suelo, haciendo que objetos que no podía ver saltaran disparados para todos lados. Todo estaba oscuro, a excepción de algunas antorchas colgadas a los costados del recinto. Me tranquilizó pensar que se podía tratar de alguna especie de obrador utilizado para la construcción originaria de la plaza, la casa del cuidador o incluso un baño público clausurado, había visto cosas por el estilo en otros lugares. Pero esta hipótesis no resistió el menor análisis. Algo abandonado no tendría antorchas encendidas (quien las habría encendido?) y si hubiera un placero seguramente tendría luz eléctrica en su casa o cuanto menos velas. Pero, antorchas? “Mejor será que salga pronto de aquí”, pensé, con bastante sentido común. Mis ojos comenzaron a acostumbrarse a la oscuridad, como un rato después de que se apagan las luces en el cine. Di un giro de 180 grados hacia lo que suponía debía ser la parte interior del monumento. Si lo era, era nuevamente sólida. Mis dedos recorrieron la superficie metálica, que era fría y rugosa. Y se encontraron con el relieve de cuatro figuras: Presentí que se trataba de algún tipo de cerrojo, que la presión de cada una de las figuras en el orden correcto podría sacarme de allí. Pero, que significaban? Las posibilidades eran muchas pero no infinitas y sin saber de que se trataba sería muy difícil dar con la serie correcta. Habría que utilizarlas todas o sólo algunas? Bueno, cuanto antes comenzara, antes terminaría y saldría de allí. Acerqué la palma de la mano derecha al primero de los símbolos cuando una voz tenebrosa me detuvo. - Yo que tu, no haría eso Giré lentamente. Todo parecía más iluminado. No podía creer lo que veía. Mejor dicho, no sabía a que mirar primero. Para empezar, nos encontrábamos en una gruta tallada en roca, de cinco metros de alto por diez de ancho y treinta de profundidad. Esto no era nada. El problema era que la mayor parte del piso estaba cubierta de cientos de esqueletos, algunos de ellos enteros, pero la mayor parte desarmados. Los huesos se apilaban unos sobre otros. Instantáneamente me di cuenta de que era lo que había pateado al entrar; bajé la vista y al ver docenas de calaveras a mi alrededor sentí un profundo asco mezclado con terror que me impulsó hacía atrás hasta quedar pegado a la compuerta metálica. Creo que los triangulitos me quedaron sellados en la espalda del golpe. La que había formulado la advertencia era una mujer que se encontraba a dos metros de distancia, sentada sobre un pilón de fémures. Ella sonreía socarronamente; vestía harapos negros calcinados, tenía la cara llena de cicatrices y de su cabeza brotaban unos largos y escasos cabellos amarronados. Su mirada se dirigía al tejido que estaba realizando. Era un lienzo blanquísimo, una especie de sábana. Lo increíble era que por momentos se interrumpía y sacaba de su desdentada boca el hilo necesario para continuar con su labor y que tejía utilizando sus largas uñas. A la distancia parecía una enorme araña, muy atareada en preparar su trampa. Sin embargo, sus movimientos eran pausados y seguros. - No te escucho agradecerme por el tema de las antorchas –dijo con su voz cascada y a continuación agregó: Yo no las necesito. Y levanto su mirada de catacumba, pues sólo tenía el hueco correspondiente a cada ojo. Patitas para que las quiero! Me di vuelta y comencé a tantear frenéticamente la pared a la búsqueda de los símbolos. Pero la anciana volvió a su tejido y continuó hablando. - Te vuelvo a repetir. No te conviene hacer eso. - Po..po...po...por qqqqué? –pregunté aterrorizado - Sólo tienes una oportunidad para acertar con la clave correcta. Si te equivocas, jamás saldrás de aquí. Vivo, cuanto menos. - Vvvi...vvi...vo? Qué quieres decir con eso? –y cuando hube dicho esto la mujer sonrió y volvió a su extraño tejido. Hice de tripas corazón y elevando la voz, le dije: Habla ya! - Hay unos imbéciles arriba, excavando, sabes?-dijo sarcásticamente, mientras yo asentía. No saben de la maldición –continuó- que dice que cuando un rayo de luz alcance a cualquiera de los huesos de este osario, los responsables morirán inmediatamente. Y eso no es todo –concluyó, y luego de un bostezo volvió a su tejido. - Mi papá está cavando, esto no puede ser –dije, al borde de un ataque de pánico, pero la mujer no se distraía de su labor. Luego de pensar unos segundos, le pregunté: ¿De quién son estos huesos, qué más ocurrirá si esta catacumba es descubierta?. La mujer levantó la vista (es una manera de decir, por supuesto). -¿Sabes que es lo que están buscando estos necios, verdad? Hombres tenían que ser -agregó sonriendo maliciosamente mientras yo asentía- ¿Conoces esa frase que dice que no se debe desear demasiado algo porque se puede cumplir? Pues bien, sus deseos están por cumplírseles, tiene su destino final bajo sus narices y ni siquiera lo presumen.

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Creado por bwanabeloved
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